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Yo solo soy contigo: Día internacional de la enfermería

Ayer día internacional de la enfermería, y yo inmersa en pequeños dramas cotidianos no encontré el momento para agradecerles tanto. Hoy me pongo a ello, se lo debo.

El orgullo y las pesetas

Que la enfermería es vocacional no es ningún secreto, y más en este país que, en general, no reconoce a estos profesionales como merecen. Y es que está genial aplaudir y sentir orgullo, pero además, habría que necesariamente acompañar estas palmaditas en la espalda de un contrato digno, unas condiciones laborales adecuadas y un sueldo acorde al grado de responsabilidad. Así que lo primero, no solo siento orgullo y agradecimiento, también siento una enorme deuda. Se os debe respeto, se os deben agradecimientos y se os debe dinero, sí, dinero, porque esto es un trabajo y que sea vocacional no quiere decir que tenga que ser mal pagado.

La docencia y el cariño

A lo largo de mi camino hasta hoy he aprendido tantísimo de la enfermería que sé a ciencia cierta que les debo un altísimo porcentaje de la profesional que soy hoy.

Ya de estudiante, abandonada en prácticas hospitalarias, con adjuntos demasiado ocupados llenando pasillos mientras correteábamos los alumnos tras ellos como una familia de patos hambrientos, la enfermería nos cuidaba. Te apartaban con cuidado, te susurraban indicaciones sencillas, tapaban tus errores de aprendiz y hacienda docencia, docencia de verdad, con cariño y dedicación.

De residente no pudieron ser más generosos conmigo. “¿Doctora cargo el fenobarbital?” (cuando aún ni habías pensado en esa posibilidad), “¿Doctora aquí pone 0.7, no 0.1 no?” Cuando estaba claro que ponía 0.1 y estaba mal calculado. “Doctora Puede revisar esta dosis que no me cuadra?” Y claro que no cuadraba, como que estaba mal…

De médico especialista, con mi título de dos líneas (médico pediatra) y menos dudas pero aun más responsabilidad siempre han estado ahí “Échale un ojo a este niño que no me gusta” “ Yo he sacado la cpap y ya la tienes calibrada” “Tranquila que lo estás haciendo genial”. En guardias en las que parecía que nunca iba a amanecer he acabado desmayada en brazos de alguna de ellas (literalmente). Habéis sido y sois la mejor compañía para una noche infinita.

Me vienen muchos nombres, la mayoría es muy posible que ni sepan quién soy yo, ni lo mucho que me han enseñado: Encarnita, Paqui, Félix, Enrique, Jose Carlos, Sara, Susana, Paloma…No solo hemos hecho pediatría,, hemos hecho humanidad.

Yo solo soy contigo

Odio que a veces algunos médicos digan “mi enfermera” como si fuesen un complemento, como si en un juego de cajas fuesen ellos una caja dentro de nosotros… Yo digo con orgullo que he tenido el placer de ser el pediatra que ha podido trabajar con esta enfermería. De igual a igual, tan inútil, tan asustado y tan absurdo sería mi trabajo sin ellos. «Yo solo soy contigo», que dice la canción. Pues eso. Eternamente agradecida enfermeras, enfermeros, auxiliares… ojalá yo pueda aportaros la mitad de lo que me habéis enseñado a mi.

Yo sé la suerte que tengo de que aun queden valientes y locos que decidan no emigrar para seguir resistiendo dentro de este sistema que no sabe cuidarlos. Tengo el compromiso y la deuda eterna de haceros este viaje más llevadero.

Gracias desde siempre y para siempre y feliz día a todos.

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