globo animado

No se admiten visitas, gracias

A raíz de una publicación en mis redes sociales titulada “Mi amiga va a tener un bebé, ¿en qué me gasto la pasta?” Se generó un sentimiento de hermandad maravilloso que nos llevó a todas a compartir las miserias de lo que significa el embarazo, el parto y sobretodo el terrible posparto. No me entiendas mal, todas orgullosas mamás, amantes de sus hijos y todo eso que nos hace incluso no quedarnos con un churumbel sino repetir. Pero, ay amigas, las que llegamos al segundo lo hicimos ya planteando unas reglas inamovibles y sencillas que aún así, en la mayor parte de los casos no se cumplieron ¿Por qué?

Y es que aunque hoy hablamos, y mucho, de la violencia obstétrica, hablamos muy poco o nada de la violencia que se genera en el posparto y que, desgraciadamente, la ejercen seres queridos o cuasiqueridos. Vale, no la llamemos violencia si eso incomoda, pero créanme si les digo que el hecho de que mi primer hijo pasase de brazo en brazo con horas de vida a mí me resultó violento. Que con días de vida y yo hecha un trapito apestoso y sangrante tuviese que llevarlo en procesión como si fuese La Blanca Paloma un lunes de salto de reja para que gente que no sabían ni cuál era mi nombre hiciese un besa manos/pies/carita de mi hijo me pareció abominable y que, en definitiva, me sobró todo el compromiso generado e impuesto de visiteo, toqueteo y foto souvenir con mi hijo.
Pero, ¿Soy yo la rara?, ¿Soy yo un engendro sin corazón y sin sentimiento de tribu?, ¿Soy una rancia posesiva porque no quiero que me arranquen a mi hijo de la teta para que la vecina de mi suegra, señora a la que veo por primera vez en ese instante y que ni me mira, lo coja en brazos y me dé diez euros para comprarle unos zapatos?

Pues, ¡Chorprecha! Todas nos quejamos de lo mismo, y la conclusión evidente de la consulta que les hago a las mamás sobre qué fue lo peor y lo mejor que te regalaron es: más jamón y menos visita. Así tal cual.

Primer hijo, cesárea urgente, yo partida por la mitad, es literal, no un recurso estilístico. Huelo a animal, sangro como animal, y quiero morder como animal a todos los que irrumpen en la habitación, los que se cuelan incluso hasta mi dormitorio donde semidesnuda y oliendo a bicho estoy intentando lactar a mi bebé, tratando de saber si eso que hago lo estoy haciendo bien, temblando por el dolor de la cesárea. Pero por Dios, no se corten, pasen y vean. ¿Se ha hecho ya la foto con el bebé en brazos?, ¿No?, pues por favor cójalo, claro que sí, y su señor esposo, y el sobrino, y no olviden besarlo, donde quieran, no se corten, solo es como si sintiese que una mano me estuviese revolviendo en la vagina y triándome de las tripas bien fuerte porque ese niño, ese mismo, era yo hace solo unas horas o unos días, porque ese niño, ese que usted besa en la cara estaba dentro de mí hasta hoy.

Hay historias para no dormir, las hay propias y las hay relatadas por otras mamás. Mamás que se despiertan en la cama de su casa con dos o tres personas alrededor sentadas en el mismo colchón, algunas de las cuales ni conoce. ¡Anda hija, si es la hermana de la vecina de tu abuela que quería ver al bebé! Traga saliva, eres una rara y una alimaña por no querer que la hermana de la vecina de tu abuela coja al niño. Historias de “allegada”, amiga íntima de la suegra que se atreve a cortarle las uñas al bebé a mordiscos. Historias de quien se enciende un puro y coge al bebé y se hace una foto que más parece de un torneo de caza. Y por supuesto historias, como la mía, de romería del Rocío , de besa manos, de fotos souvenir. Y ponles un café y saca las pastas y conversa animadamente, ¿No estás feliz? ¡Tienes que estar feliz!
Al final son historias de madres en las que no piensa nadie, la historia de mi cuerpo apuntalado en una cama sintiendo que no soy nada, que no valgo nada, y que nadie me ve.

Mentira, alguien sí, mi mamá me ve. Me ve y me recoge el pelo, y me trae un puchero y una tortilla de papas, y me limpia la cocina y hasta me limpia el culo y me pregunta ¿Cómo estás? Y yo tengo que parpadear y pensar ¿Es a mí? ¿Me lo pregunta a mí? Porque sí parece increíble, pero mi madre (y mi padre, yo tuve mucha suerte) querían saber cómo estaba yo. Y te entran ganas de llorar y de abrazarles muy fuerte y empezar a gritar ¡Quiero que se vayan todos y que no vuelvan hasta que a mi dejen de entrarme ganas de gruñirles y enseñarle los dientes como a una perra a la que le tocan los cachorros! Espera, que va a resultar que es normal que una no quiera que le arranquen los recién nacidos de la teta. Normal y animal.

Así que si algo tengo claro es que no estaba loca, que no era una enajenada, ni una egoísta, era un animal con su cría, una mujer vulnerable, dolorida, asustada y que en una habitación llena de gente se sentía tremendamente sola.

Lo mejor que trajo la pandemia fue prohibir las visitas hospitalarias a las mujeres que acaban de dar a luz, dejar a la familia recién construida un espacio de paz para vivirse, para reconocerse, para abrazarse, para iniciar una lactancia que no siempre es sencilla.

Si me leéis y estáis embarazadas, haced un plan de posparto, ese importa muchísimo, dejad claro cuándo queréis o no las visitas, a quienes queréis al lado, marcad vuestros tiempos y vuestros espacios.

Si me lees y estás a punto de vivir un nacimiento en la familia, por favor, pregunta antes de aparecer en el hospital, en la casa o de pedir que peregrinen por el pueblo con el niño en brazos para que lo besen las vecinas. O mejor aún, no preguntes nada, espera a que te inviten y cuenta con la posibilidad de que esa madre no quiera que su hijo pase a pulso entre gente que ni conoce.

La conclusión de mis charlas con tantas mamás es sencilla. Más jamones y menos visitas. Y dejaos de conchas de bautismo, de chupeteros de plata, de ramos de flores y osos gigantes de peluche, no os engañéis queremos atún rojo de almadraba, quesos, pucheros y tortillas de patatas. Y que no vengáis, al menos no al principio, al menos no hasta que nos sintamos fuertes y con ganas.

Gracias y disculpen las molestias pero estamos ocupadas construyendo una nueva familia.

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8 Comentarios

  1. Se tenía que decir y se dijo!!!!, solo espero que ayude a muchas y muchos futuros pa/mas.. Y que nadie se sienta ofendida, si te gustan las romerías y los trajes de chorreras, es maravilloso!!!, pero que te lo pregunten!!, por que a lo mejor aparezco con una camiseta rockera que a ti te horroriza… O con un plato de jamón y resulta que eres vegana.. Normalicemos el hablar, el preguntar, el ver con los ojos…
    No solo con el corazón de familiares y amigos que adoran a tu RN, pero que tienen que saber desde el cariño cuando es su momento.. Que lo tendrán!!

    1. Literal que lo mejor que trajo el COVID fue prohibir las visitas, ojalá que esa restricción no se quite nunca. Parí hace un mes, y aunque siguen prohibidas nuestras familias no nos creían y estando en el final del embarazo cada vez que se sacaba el tema eran discusiones y yo llevarme un mal rato. Y no sé si soy rara pq se habla mucho de visitas de desconocidos, pero yo no quería visitas ni de mis padres y mira que los quiero y somos cercanos pero yo solo quería estar con mi marido y en mi casa con los pechos al aire pq tenía heridas y la episiotomia tb al aire para que se curará mejor… Eso tb suposo grandes discursiones 🤦🏻‍♀️. No se nos permite ir a nuestro ritmo socialmente.
      Cómo mejor regalo yo no puedo decir los embutidos pq soy vegetariana jajajaja

      1. Tu pide buenos tomates huevo de toro de esos apretaos!! Enhorabuena por tu bebe. Ya ves que no estás sola y no eres rara, todas sentimos eso (o la mayoría)

  2. Amen… Mi pareja me tachaba de sosa y egoísta por no querer una peregrinación en el hospital… Lo hablamos millones de veces… Y no digamos de que me tachaba mi suegra… (Q conste que la adoro y ella a mí, pero no quita que tengamos opiniones contrarias en algunos temas.
    En el momento en el q se vio con un bebé nacido de urgencia por cesárea, una mujer destrozada en una camilla de hospital ( y que conste q mi recuperación fue asombrosamente rápida) intentando q este cogiera la teta con muchos problemas y sin dormir durante 48 horas… Dio gracias a Dios a la pandemia q tanto odio le tenía hasta el momento y las restricciones respecto a las visitas en hospitales… Hasta le pareció corto el periodo de ingreso tras la cesárea… Con nuestro segundo bb se planteó decir a todo el mundo (incluida suegrita) que aún no se permitía ninguna visita.

    1. Totalmente de acuerdo. Totalmente. Soy un hombre y debe sonar raro que entienda y esté de acuerdo con este comentario. Pero así es. Cuando mi mujer parió por primera vez me vi en la misma situación que comentas y no entendía la feria que se montó un 25 de diciembre. Mi mujer lo vivió más estoicamente. Con el segundo hijo más de lo mismo. Ahora que soy abuelo vivo la misma situación con mi hija y luego con mi hijo. Nadie respeta esos momentos tan privados. Y encima te etiquetan de rancio y anticuado o incluso arcaico. Todo por pedir respeto a un momento privado que necesita su tiempo y su privacidad. En fin. País…..

      1. Gracias por tu comentario. Es fundamental ue seáis aliados porque nosotras solemos estar vulnerables y cansadas y cuesta lidiar con esto, sobretodo cuando es la familia política la que invade. gracias por tu sensibilidad!

    2. Ya ves, es un sentir general. Hay que respetar estos espacios, lo necesitamos y debemos empezar a decirlo bien alto. No somos raras, esto es lo más normal del mundo

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