globo animado

Feliz día del padre

Llaman a paritorio. A menudo de madrugada, gustan los partos de ocurrir a horas intempestivas. La boca seca, los ojos rendidos. Al llegar la luz de un amanecer en el polo y el bullicio de una feria.

Madre en la camilla concentrada, anestesista a la cabecera, ginecólogo y matrona aguardando a los pies de la paciente. Yo, desde lejos, admiro la estampa y tras unos segundos localizo al papá. Casi parece pedir perdón por su misma existencia, no sabe dónde colacarse.

A duras penas se ha puesto el gorro y los patucos y tiene el aspecto esperpéntico de quien se cuela en una boda con un traje prestado. Yo sonrío, estos prepadres me inspiran una ternura infinita.

Creo que a menudo el personal no repara los padres pero yo sí lo hago, me encanta mirarlos. Nerviosos, perdidos, expectantes.
La mayoría silenciosos, alguno se ríe de forma nerviosa o susurra muy cerca de su pareja palabras que seguro solo ellos conocen.

Los hay instruidos, que se han empapado de los consejos preparatorios y sujetan la mano y animan al pujo y las reparaciones como una guía de autoayuda.

Los hay histéricos que no saben dónde colocarse y corren de arriba abajo preguntando si molestan mientras la auxiliar les echa la mirada del tigre y suspira para no arañar, porque en el fondo todos entendemos la emoción inmensa de ese momento.

Los hay que lloran desde el inicio, los hay que orgullosos gritan “lo estás haciendo muy bien”, los hay que radian la jugada “ayayayay… ¿eso es normal?”.

Los hay asustados que piden que por favor, por favor, no le cuentes lo que está pasando que por favor, por favor, no le enseñes nada, que no quieren ver nada.

Los hay que se ponen verdes de miedo y no quieren retirarse a pesar de que el personal ya advierte que aquello va a acabar a ras de suelo.

Los hay tan asustados incluso, que cuando por fin nace el bebé, son incapaces de cogerlo y te piden que por favor lo hagas tú.

Todos, absolutamente todos, miran a la madre descubriéndola, conociéndola por primera vez, como un animal extraordinario, como la misma tierra abriéndose y germinando. Esa mujer resumiendo la primavera y la vida.  Enamorarse de nuevo.

A mí, como digo, me gusta mirarlos, me transmiten una fuerza infinita, una certeza de triunfo, una inocencia distinta. Es la sensación de que todo está por empezar.

Tengo la suerte de asistir no solo al nacimiento de un niño sino también al nacimiento de un padre y me parece uno de los actos más maravillosos de la naturaleza.

Por eso si a veces me ves llorar en un parto entiende que estoy asistiendo al inicio de todo y eso a mí me emociona. Recuerda que os vi nacer como familia, que mientras asisto al bebé sé que tengo en mis manos todo el futuro, como si por un instante me hicieseis partícipe de la inauguración de una vida entera.

Enhorabuena a todos los papás primerizos a todos los papás que ya lo fueron y a los papás que están por llegar. Toda mi admiración y cariño.

Gracias maravillosos papás primerizos. Lo vais a hacer genial.

 

 

Compartir:

1 Comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  Acepto la política de privacidad

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Información básica sobre protección de datos

  • Responsable: Marta Garín Montañez
  • Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
  • Contacto: info@dragarinpediatra.com.
  • Información adicional: Más información en nuestra política de privacidad.