globo animado

De no rendirse

Yo tengo un negocio en Carretería, sí, así de loca estoy. Y no es de cookies americanas, ni es una consigna de maletas, ni un cajero de pizzas 24h, ni siquiera una cadena de restauración de esas que sirve desayuno con chía, leche de coco y huevos revueltos con salchichas.
Yo estoy loca y soy la única superviviente en un edificio de alquiler turístico que decide emprender allí por el camino más torcido. Mi negocio soy yo, y mis ganas de desarrollar mi actividad profesional en pleno centro. Y tú dirás, pues muy bien, ¿Y qué? Pues que no sabes la de veces que escucho que sería muchísimo más rentable buscarme un local a las afueras para seguir siendo pediatra y reconvertir ese piso en un alquiler vacacional. Y tirarme a vivir, con las patas por alto, y un ingreso de miles de euros al mes mirando al tendío.
Te lo sugieren con tanta vehemencia, con tanta convicción como lo hacían las señoras con el biberón al verte volver a meterle al bebé la teta en la boca: ¿Y no sería mejor darle un Bibi y así descansas, y así se alimenta mejor, y así te liberas?
Pero yo soy la resistencia, yo sigo allí y me asomo al balconcito y veo la calle sembrá de trolleys, y de pandillas color camarón con sandalias y calcetines, y de locales clonados, del atrezo común del centro de todas las ciudades que no son esta y de repente siento que me envuelvo en la bandera (como la iluminá de Marta Sánchez, peor mi patriotismo más bien local) y que formo parte de la rebelión silenciosa de los que aún aguantamos. Y me dan ganas de plantar cien geranios rojos para colgarlos de la forja y salir a gritar ¡Que viva Málaga!, que allí seguimos, y hacerme reina de los pitufos con aceite, la manteca colorá y las aceitunas partías, mismamente.
Así que lo sé, como sabía en su momento que igual darle un biberón me daría un respiro. Pero me meto pa dentro, respiro hondo, me pongo a Antónimo de banda sonora, bajito, pa no soliviantar a nadie, y pido que pase el siguiente, y sigo y creo que sumo porque no me rindo, porque otra Málaga es posible. Y le cedo mi pecho, como hacía entonces, porque solo con los que la habitamos y la trabajamos se podrán reconquistar las aceras. Soy una loca, sí, pero también una rebelde y me saco la teta, otra vez. Y las que hagan falta.

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