Feliz navidad
A veces una se queda viviendo en los recuerdos de una mesa llena de canapés de jamón york y huevo hilado, de huevos rellenos y bandejas de peladillas. En las medias de encaje blancas hechas un rulo debajo de la barrigota, en las gafas azules de mi hermano y la hombreras de mi madre. Y te falta de repente tu abuela sacando el enésimo plato de la cocina naranja, recorriendo el pasillo hasta el salón con los sillones de pata de burra y el parqué de verdad, el que cruje. Y te falta tu abuelo sentado a la cabecera y dando palmas. El video beta, el bigote espeso de tu tío, la Cabage path kids de tu prima. Y te faltas tú. Te faltas un poco tú, un poco de aquella niña gorda viendo otra vez Willow con la carne y la vida desparramá de todo lo que está empezando, de eso que rellena los pechos de los gorriones y los tiene trinando. Y echar de menos escuece como una rodilla esollá que te lames cuando nadie mira. Igual escuece.
Pero entonces los ves a ellos, cantando el viejo cachirulo y riéndose medio mellaos, hablando de Reyes Magos con la boca repellá del pucherito de mi madre, con todas las luces parpadeando en las pestañas, y te reconoces, y te vuelves a chupetear el borde redondito de la herida y te sabe a cadena de columpio, a aire en la cara y a vinagretas amarillas. Y te rindes a los peces en el río otra vez, y si hace falta (solo si hace falta) al maldito burrito sabanero. Y cantas, un cantar de enajenada, con los ojos locos y la boca abierta de los pájaros, y se te llena el pecho con los trinos de tus hijos, con la vida desparramá de otra navidad.
Feliz navidad a todos.

Información básica sobre protección de datos