Ya siempre seremos mayo
Soy tan imperfecta, con mi dolor de cuello, con mis insomnios, con mi cansancio de continente hundido. Soy un cuerpo que se desgrana y queda esparcido, y ya no sé dónde andan mis manos o el verde último de mi iris.
Y ando despeinada repasándome las manchas marrones como quien elabora una cartografía de lugares invisibles, de todo eso que ya no eres, de los castillos de arena derruidos que quedan en una orilla después de una tormenta.
Pero despiertan ellos y me escarban las costillas y ponen a volar todas las polillas blancas que dormitaban sobre el diafragma. Y me lleno de alas membranosas, de flores amarillas, de vida trepándome hasta la boca, habitando de luciérnagas naranjas el fondo de mi ombligo.
Aprendo a reconocerme mayo, aunque distinto, y sobre las aceras me derramo y broto jazmines violetas, y paro alondras sin nido, y soy una fiesta que estalla para vosotros.
Soy para vosotros mantillo de hormigas rojas, tierra blanda de lluvia donde podréis jugar a hundiros con raíces verdes y crecer y ser pinar lleno de aves.
Quereros así, como universo, con la fuerza que tiene el estallido de todos los cuerpos celestes, me incendia los ojos de vida y de repente me hace (casi) imprescindible.
Soy tan imperfecta, con mi dolor de cuello, con mis insomnios, con mi cansancio de continente hundido. Y sin embargo, volvéis cada día a llamarme casa, a decirme mami, a besarme las esquinitas del llanto.
Tan imperfecta, y sin embargo.
Gracias a mis hijos por recordarme que sigo siendo primavera.
Feliz día de la madre.
Ya siempre seremos mayo.

Información básica sobre protección de datos